| Una opción para el consumidor | La mejor manera de garantizar a los consumidores la existencia de un mercado abundante en productos y servicios, que les permita escoger lo que les conviene mediante comparación de ofertas valoradas en su relación precio calidad, se llama libre competencia.
Este sistema ha permitido a los consumidores del mundo entero ejercer efectivamente su derecho de elegir entre un abanico de opciones; si no les gusta o no les conviene lo que oferta un proveedor de bienes o servicios, simplemente se dan la vuelta y lo compran al vecino, lo cual genera una sana competencia por captar a los clientes, mediante mejores precios o mayor calidad.
El otro sistema, opuesto a la libre competencia, es el de regulación de precios para la fijación del llamado precio justo.
Este sistema trae malos resultados en países como el nuestro, donde existe una alta inflación, debido a que los ajustes en esas regulaciones no se efectúan progresivamente de acuerdo con la inflación, por lo cual, en el corto tiempo, los precios congelados terminan por producir pérdidas al proveedor, que terminará retirando su oferta del mercado y generando desabastecimiento o ventas en un mercado negro, a espaldas de la regulación. Siempre el bien más caro termina siendo el que no se consigue.
Sin embargo, así como defendemos el sistema de libre competencia, somos conscientes de que en el juego de la oferta y la demanda el Estado debe intervenir adecuadamente. No se trata de dejar a los competidores actuar con total libertad, ello podría conducir a prácticas restrictivas, como acuerdos colusorios (pactos que rompen la libre competencia), posición de dominio o monopolio. Se trata de que exista una sana competencia, alimentada con seguridad jurídica e incentivos, y supervisada por los entes gubernamentales, para así impulsar las inversiones y mejorar las ofertas, al tiempo de contribuir con el aparato productivo nacional y con la generación de empleos.
En este juego de la libre competencia, el consumidor se convierte en un actor fundamental; cuando se organiza puede utilizar una cantidad de herramientas para mejorar las ofertas que recibe, puede ser embajador a favor de lo bueno y activista contra lo malo.
Siempre hay que recordar que el consumidor es el que tiene el dinero y decide cuándo y a quién compra. |
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