| La inflación, dizque inercia especulativa | Como evoca el cuento del hombre del diente roto, el hombre fuerte de las finanzas públicas en Venezuela nos tenía confundidos con fruncir el ceño y su silencio, hasta el día de su comparecencia en la Asamblea Nacional, el día jueves 24 de febrero de 2011. Obviando sus insultos y groserías, que entendemos ofenden primero a quien los propina, pues evidencian sus carencias; en materia económica muchos deben ser los sorprendidos, especialmente quienes todavía apoyan a la actual gestión de Gobierno.
Luego de 12 años de gestión, de ostentar actualmente la inflación más alta del mundo, así como un Inpc en enero de 2011 que anualizado asciende a más de 37%, el responsable de las finanzas públicas y la economía nos sorprende con su apreciación de que la inflación es un fenómeno inercial especulativo. Dada esta naturaleza, nadie debe extrañarse de que la actual gestión no haya podido controlarla, y más allá, parece ser tema cerrado porque constituye una "maldición bíblica" o parte de los cromosomas de los venezolanos. Como dirían los abogados, nadie puede alegar su propia torpeza, y a confesión de partes, relevo de pruebas.
Incluso aquellos menos avezados en materia económica se preguntarán cómo y qué habrán hecho aquellos países como Alemania y Argentina, entre otros, para controlar más que una inflación elevada, un fenómeno de hiperinflación.
El Gobierno debe abocarse a políticas públicas y económicas que coadyuven al control del incremento sostenido de precios.
Sin embargo, en Venezuela, no ha existido política anti-inflacionaria, mientras que la política fiscal desordenada de persistente gasto corriente no productivo, la política monetaria expansiva y de señales de financiamiento inorgánico y la política cambiaria orientada a cuadrar las cuentas fiscales, han constituido los principales determinantes de los incrementos de precios, a la par que ha existido un ataque feroz al clima de negocios y el productivo, lo que ha determinado un constreñimiento importante en la oferta de bienes y servicios.
Como tales males son exclusiva responsabilidad de la actual gestión de Gobierno, sus representantes hacen lo que hasta la fecha han hecho mejor, no asumir responsabilidades, al punto de acuñar el fenómeno de inflación inercial especulativa, el cual asemejan a una especie de tatuaje genético del venezolano. Frente a dicha posición, se estima necesario realizar un par de precisiones, que ayudarían a develar tan irresponsable pretensión de deslastrarse de la responsabilidad no asumida.
Más allá de la ecuación econométrica que haya podido mostrar el ministro (sin capacidad de explicarla, ni mostrar ninguno de los test de significación y robustez), los conceptos asomados -inercia y especulación- como explicativos de la inflación adolecen tremendamente de falta de validez apriorística.
Resulta irresponsable excusarse del nivel de inflación más alto del mundo, indicando que la inflación es inercial y especulativa.
En la toma de decisiones por parte de los agentes económicos a la hora de formar sus precios, los ajustes al alza inter-temporalmente no cuentan con mayor asidero teórico y lógico. En particular, ni siquiera una empresa monopólica natural operando a una escala productiva al lado izquierdo de su escala mínima eficiente -lo que significa que el mercado no es contestable-, o incluso operando bajo un régimen de concurrencia limitada, posee los incentivos para incrementar los precios irrestrictamente.
Por el contrario, como lo demostrara Ronald Coase, los incentivos de las empresas, inter-temporalmente, apuntan a ofrecer menores precios para atender la demanda residual.
La condición de optimización de ingreso marginal igual a costo marginal, en resumidas cuentas la elasticidad de la demanda, limitará cualquier pretensión de alza irrestricta en el nivel de precios.
De igual manera, la empresa con libertad en la formación de precios, los fijara óptimamente en un único período y no inter-temporalmente; por cuanto esta estrategia constituye un equilibrio de Nash, lo que significa que no existen incentivos para desviarse de tal decisión.
Los ajustes generalizados de precios pueden ser producto del impacto en las estructuras de costos de las devaluaciones -unificación cambiaria-, la inamovilidad laboral que no permite mantener los niveles de productividad (especialmente en períodos de recesión), el ausentismo laboral producto de una inamovilidad nominal que destruye el clima productivo, la presión inflacionaria de la gestión fiscal y el gasto público no productivo, la política monetaria expansiva e inorgánica y el constreñimiento de la oferta producto del ataque sistemático a la actividad económica privada.
Las empresas podrían estar condenadas a no poder trasladar el aumento de sus costos hacia el consumidor final, primero por el efecto renta de pérdida de capacidad de compra de los consumidores y luego por la elasticidad del bien o el servicio que no suelen ser infinitamente inelásticos -asumiendo las empresas parte de los incrementos de costos y de pérdida de productividad vía destrucción de los márgenes-.
Así las cosas, las empresas podrían verse afectadas negativamente en sus operaciones, en su nivel productivo, cantidades vendidas y en sus márgenes, producto de un proceso inflacionario.
Por ello, no existe racionalidad, ni incentivos en las alzas de precios inter-temporales por parte de las empresas como estrategias óptimas, sino de supervivencia, para evitar un pinzamiento de márgenes -price squeeze- y la desaparición de la oferta y las empresas.
La pérdida de poder adquisitivo producto de la inflación constituye un mal público, que afecta igualmente a los empresarios, que con dificultad podrán colocar su producción y oferta.
Todos los productos fungen como complementarios a lo largo de la canasta de bienes que consumen los ciudadanos, lo que implica que los empresarios entienden que un crecimiento generalizado de los precios los afecta negativamente -aun cuando estas apreciaciones se fortalecen si fuesen productores multiproducto de bienes complementarios.
La "inercia inflacionaria" podría tener valor en modelos predictivos y descriptivos -del tipo autorregresivo- pero no en modelos explicativos, ya que como fundamento de la toma racional de decisiones por parte de los empresarios, cuenta con poco asidero. |
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