| Ultraje a los muertos - Beatriz W. De Rittigstein | El cementerio que data del siglo XIX en absoluto descuido y abandono
Hace algunos días acompañé el entierro de un pariente en el Cementerio General del Sur. Tenía tiempo sin ir y quedé impactada por la irrealidad alucinante de las escenas que se sucedían mientras avanzábamos por las callejuelas del camposanto.
Con honda consternación vimos jóvenes asoleándose sobre lápidas; familias comiendo como en un paseo campestre; serenatas y música estridente; carretillas de helados; puestos improvisados de venta de empanadas y cerveza. Y lo peor, la destrucción de tumbas, lozas, mármoles, estatuas. La grama crecida cubriendo nombres, fechas, recuerdos. Basura por doquier. Es decir, el cementerio que data del siglo XIX, patrimonio de la ciudad de Caracas, en un absoluto descuido y abandono.
Este deterioro constituye una forma de profanación; una manifestación de indolencia morbosa y aberrante, que humilla a las personas más allá de la solemnidad de la muerte, lesionando la dignidad humana. La muerte coloca al ser en una total indefensión y el no proteger el eterno descanso de quienes, con su labor cotidiana, construyeron nuestro pasado, es una indiferencia pecaminosa.
Cabe preguntarnos, ¿qué clase de sociedad es aquella incapaz de respetar a sus muertos? Y por lo tanto, ¿qué esperanza queda para los vivos? Cuando el veneno del odio es insuflado, ni la guadaña se libra.
Evidentemente, el desprecio a lo que debería ser sagrado, se origina en la irracionalidad, en la pérdida de la civilidad y en una grave distorsión de ideas y valores, las cuales han ido mutando en el sentir del venezolano. En definitiva, ese ultraje a nuestros muertos es un claro indicio de una sociedad en descomposición; la putrefacción generada por la intolerancia va invadiendo cada rincón, desborda con su violencia, alcanzando hasta la paz de los sepulcros.
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