| Desterrar el salero de la mesa es bueno para el corazón | Igual que hay gente en Venezuela que piensa que nutrirse con ensaladas es igual a "comer monte", todavía quedan personas que no renuncian a la sal en la cocina y en la mesa.
Esto, sabroso para un paladar acostumbrado a lo salado, es mal recibido por las arterias.
La sal es un factor de riesgo cardiovascular, alerta Manuel Velasco, médico directivo de la Sociedad Venezolana de Hipertensión y editor de publicaciones en el área (como la Revista latinoamericana de hipertensión). Para que deje de serlo, "basta con poner poca sal en la comida y no usar el salero. Valores mayores de tres gramos por día son excesivos".
El pasado domingo se celebró el Día Mundial de la Hipertensión Arterial, identificado con el lema "Sal e hipertensión: dos asesinos silentes". Un consumo alto de cloruro de sodio es la causa de hipertensión en tres de cada diez adultos, advierte la Liga Mundial contra la Hipertensión.
Además de no dejar el salero en la mesa y de limitar la ingesta a no más de una cucharadita de té por día, la Liga propone otras acciones, tales como: utilizar hierbas frescas y especias para reemplazar la sal; preparar salsas en el hogar (en lugar de adquirir las ya envasadas) con poca sal o sin ella. Recomienda, también, no consumir productos ricos en sodio como anchoas, tocineta, aceitunas, salsa de soya y carnes ahumadas. Los alimentos que se pueden ingerir sin problemas son el yogurt, pescado y carnes frescas, frutas y vegetales, quesos frescos y granos.
En Venezuela, de acuerdo con Manuel Velasco, entre 30% y 35% de la población de 35 a 60 años de edad es hipertensa. Esas cifras suben al aumentar la edad: 60% en individuos de más de 60 años.
Niñas y niños no se libran de la enfermedad: alrededor de 10% tiene valores elevados de presión arterial. Muchos venezolanos no saben que sus arterias están sufriendo.
Entre las medidas para prevenir la hipertensión arterial, recomendadas por el Ministerio de Salud, destacan: evitar las dietas con alto contenido de sodio; disminuir el número de calorías y aumentar la cantidad de fibra en la alimentación, y practicar algún ejercicio físico (como caminar) adaptado a las posibilidades de cada quien.
La sal, sin embargo, no tiene el mismo efecto en todos los seres humanos. "Hay personas resistentes a la sal, y otras, sensibles puntualiza Velasco. En las sensibles, la presión arterial aumenta con el consumo de sal". Esta vulnerabilidad se detecta, apunta el médico, mediante una prueba simple (administrar una sobrecarga salina, y medir la presión arterial).
El peso de la familia. Cabe aclarar que la sal no es el único factor relacionado con la presión arterial elevada, pues se trata de una afección multifactorial, vinculada con estrés, alimentación rica en grasas, azúcares y sal, edad, estilos de vida.
"Alguien que vive con estrés libera más catecolaminas (hormonas) que dopamina.
Las catecolaminas provocan vasoconstricción", enfatiza Velasco. "¿Quiénes se vuelven hipertensos? Individuos estresados, con mala alimentación, alta ingesta de grasas saturadas, azúcares y sal".
La herencia también incide.
"Existe una tendencia hereditaria a través de los genes hipertensivos. Si un padre o una madre tienen hipertensión hay 25% de posibilidades de generar hijos hipertensos. Si los dos padres son hipertensos las posibilidades crecen a 50%", explica el especialista.
El epíteto de asesino silencioso con que se identifica a la hipertensión arterial está bien ganado. Es una afección crónica que avanza generalmente sin dar señales de ello. De acuerdo con el Ministerio de Salud, los síntomas más comunes de hipertensión aguda son: ansiedad, mareos, fatiga y dolores de cabeza. Una crisis grave puede manifestarse con confusión, visión distorsionada, náuseas y vómitos, dolor en el pecho, respiración entrecortada, zumbidos en los oídos, hemorragia nasal y sudor excesivo.
¿Se puede tratar la hipertensión sólo con cambios en el estilo de vida? Manuel Velasco afirma que modificar la alimentación y hacer ejercicio puede facilitar el control de la enfermedad, y en algunos casos, desaparecerla. Esto, en todo caso, es una decisión del médico tratante y del paciente, y nunca debe ser una decisión producto de la automedicación. |
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